Si no sabes qué quieres, no hay forma de trazar objetivo, de hacer plan alguno, no hay manera de saber, no se puede hallar claridad, y mucho menos, paz.
Este tipo de dudas transitan constantemente, buscan ir contra el tráfico y te hace pensar en si escogiste bien cuando lo hiciste, si has decidido bien esta vez, si tienes lo que necesitas, si necesitas más, si haces todo lo que puedes, si estás perdiendo el tiempo, si te amarras a cosas a las que no deberías, si deberías olvidar, si deberías aprender, si deberías comenzar de nuevo, si
deberías huir o si deberías pelear….
Las dudas son un demonio común y persistente. Y, a menos de qué logres escabullirte entre ellas para encontrar equilibrio, no encontrarás tranquilidad. Como dice mi nuevo profesor de yoga, “si sientes que te caes, no te preocupes, no estás perdiendo el equilibrio, lo están buscando, y lo vas a encontrar.” Si dejamos de lado la risa que causa para el incrédulo y novato practicante de yoga al escuchar esto en su primera clase, y le buscas el sentido, pues, ves que sí lo tiene. ¿Cómo podrías saber que estás en equilibrio si no has sentido antes su ausencia? El clásico síndrome del huevo y la gallina...cuál fue primero...
Entonces, siguiendo los consejos de mi cósmicamente equilibrado profesor de yoga, ya no me preocupo y estoy contenta con el sentimiento de desequilibrio, porque ahora sé que estoy en el camino correcto para volverlo a encontrar, o para encontrarlo por primera vez. Quién sabe.
1 comentario:
Desgraciadamente cierto...
Pero, por un lado, sin dudas sería menos divertido y, por otro, tanta duda d hecho te obliga a darle mil vueltas al asunto y escoger la mejor solución, proceso jodido pero mejor dudar harto y escoger bien...
Disfruta tu desequilibrio pre-equilibrio :) Al final por algo será todo y viviremos felices para siempre. Fin :)
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