jueves, 11 de junio de 2009

limbo

No hay sensación más rara que ya no querer, una vez conseguido, lo que tanto deseabas.Es raro, asusta, desequilibra y hasta marea. Porque qué es más terrible que no saber si se quiere lo que realmente uno quiere. Porque si no sabes qué quieres, ¿Cómo se puede avanzar?

Si no sabes qué quieres, no hay forma de trazar objetivo, de hacer plan alguno, no hay manera de saber, no se puede hallar claridad, y mucho menos, paz.

Este tipo de dudas transitan constantemente, buscan ir contra el tráfico y te hace pensar en si escogiste bien cuando lo hiciste, si has decidido bien esta vez, si tienes lo que necesitas, si necesitas más, si haces todo lo que puedes, si estás perdiendo el tiempo, si te amarras a cosas a las que no deberías, si deberías olvidar, si deberías aprender, si deberías comenzar de nuevo, si
deberías huir o si deberías pelear….

Las dudas son un demonio común y persistente. Y, a menos de qué logres escabullirte entre ellas para encontrar equilibrio, no encontrarás tranquilidad. Como dice mi nuevo profesor de yoga, “si sientes que te caes, no te preocupes, no estás perdiendo el equilibrio, lo están buscando, y lo vas a encontrar.” Si dejamos de lado la risa que causa para el incrédulo y novato practicante de yoga al escuchar esto en su primera clase, y le buscas el sentido, pues, ves que sí lo tiene. ¿Cómo podrías saber que estás en equilibrio si no has sentido antes su ausencia? El clásico síndrome del huevo y la gallina...cuál fue primero...

Entonces, siguiendo los consejos de mi cósmicamente equilibrado profesor de yoga, ya no me preocupo y estoy contenta con el sentimiento de desequilibrio, porque ahora sé que estoy en el camino correcto para volverlo a encontrar, o para encontrarlo por primera vez. Quién sabe.